Podríamos haber construido Do Favvi de otra forma. Podríamos haber decidido que un Fav vale un euro, siempre, en todas las comunidades. Habría sido más simple de explicar, más fácil de vender en una sola frase. Y habría sido, casi con seguridad, un error.
La colaboración no es universal
Una familia con niños pequeños no colabora igual que un piso de estudiantes. Un club deportivo no se organiza igual que una comunidad de vecinos. Lo que motiva a un grupo de amigos a repartirse la logística de un viaje no tiene nada que ver con lo que motiva a un equipo a turnarse el material de entrenamiento. Cualquier sistema que imponga una única forma de reconocer la ayuda estaría, por diseño, equivocado para la mayoría de las comunidades que pretende servir.
Por eso existe la Constitución
En lugar de decirte cómo debe funcionar tu comunidad, Do Favvi te da el lenguaje —los Favs— y las herramientas —el Balance, los Playbooks, las recompensas— para que la diseñéis vosotros. La Constitución de cada comunidad es la prueba de que esa filosofía funciona: la misma aplicación, usada de formas completamente distintas por cada grupo de personas.
Las reglas no limitan, hacen posible
Existe la idea de que las reglas restringen la libertad. En la práctica ocurre lo contrario: sin reglas claras, nadie sabe qué se espera de él, y la colaboración se vuelve arbitraria y agotadora. Una comunidad con reglas simples y conocidas por todos no se siente más rígida — se siente más segura. Todos saben a qué atenerse, y eso, paradójicamente, libera energía para colaborar de verdad en vez de discutir sobre quién debería hacer qué.
El objetivo final
No queremos que Do Favvi sea recordado como una aplicación de tareas. Queremos que sea el lugar donde miles de comunidades distintas — familias, pisos, clubes, vecinos, asociaciones — encontraron su propia forma de colaborar, cada una con sus propias reglas, todas usando el mismo lenguaje común: los Favs.